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lunes, 12 de febrero de 2018

Disolución de Ferrobaires: “Jamás pensé que yo sería el último en cerrar la estación de Sierra”

EL LADO HUMANO DE LA CRISIS DEL FERROCARRIL

10/2/2018

Marcelo García y su familia le dedicaron su vida a la estación de trenes de Sierra de la Ventana. Esta semana les dijeron que en un mes se cierra.
Agencia Sierra de la Ventana / laregión@lanueva.com

Llora como un chico.

Marcelo García no da más de la angustia. Cualquiera podría pensar que es porque esta semana le comunicaron que la Provincia liquida Ferrobaires, y que en algo más de un mes dejará de ser el jefe de la estación Sierra de la Ventana.

 No es por eso. Lo que realmente le estruja el alma es la certeza de que se firmó el certificado de defunción de su amado tren, al cual le dedicaron la vida sus padres, él y su hermano Rubén.
Las lágrimas le brotan solas. Trata de frenarlas con los dedos, haciendo alguna pausa en el relato, pero igual le corren por las curtidas mejillas. La voz se le quiebra.
 “No hay vuelta atrás -dice-. La estación ya tiene su fin decretado; pasará a formar un listado de estaciones desactivadas, cerradas como viene ocurriendo desde la década del '90 hasta ahora. Lo que jamás pensé es que yo sería el último en cerrarla”.
 El cierre oficial será el 15 de marzo próximo. Desde ese día quedarán a la buena de Dios no sólo la estación de Sierra, sino otras importantes del ramal en esta región, como las de Coronel Pringles, Laprida, Saldungaray, Cabildo y, hacia el sur, todas las de la línea Pedro Luro-Stroeder-Patagones.
 Así se lo dijeron esta semana a Marcelo y a otros ferroviarios de la zona. Fue en una reunión sorpresa organizada en Bahía Blanca por la Superintendencia de Transporte.
“Se calcula que 1.300 empleados quedarán sin trabajo, que son los que dependen de Ferrobaires. Son 1.300 familias en la calle”, lamenta.
Su mamá entra a la sala y lo mira. Es una mujer delgada, de 87 años de edad, pero con una fortaleza enorme. En sus ojos, sin embargo, se nota el dolor por partida doble: por el desguace del tren y por la angustia de sus hijos.
Los García llegaron a Sierra de la Ventana en 1977. El padre, Marcelo Bernardo, había sido nombrado jefe de la estación y no dudó en mudarse allí con su mujer, Adela Salazar, y sus hijos Rubén Darío y Marcelo Fabián.
Los cuatro -incluso Adela- se abocaron como familia a hacer grande y pujante a la estación, dedicando muchas más horas que las reglamentarias a tener todo impecable. Dicen algunos vecinos que aquellos fueron los mejores años del tren en Sierra, y que una prueba de eso es el premio que en 1981 le entregó Ferrocarriles Roca a los García por tener “la mejor estación de la línea”.
En 1988 tras el fallecimiento del jefe de la familia, fue sucedido en la estación por Rubén Darío. Así estuvieron 5 años, hasta que se reabrió la estación de Saldungaray y Marcelo fue destinado allí en calidad de jefe. Diez años después, en 2003, se dispuso un enroque, y los hermanos intercambiaron las jefaturas de las estaciones.
 “De mi paso por Saldungaray me quedó la alegría de haber reinventado la estación, poner en valor instrumentos originales y armar un mini museo”, recuerda Marcelo con orgullo.
“En Sierra -agrega- también puse en valor de todos los instrumentos originales, que están a la vista de quienes nos visitan”. Fueron horas extra no registradas; tiempo y dinero propio dedicados a su amada estación. Por eso Marcelo no se resigna.
“La estación fue declarada Sitio Histórico Cultural -dice-. Hay que protegerla. Que no se convierta en un relato vacío, sino en algo tangible que se pueda ver y conocer por generaciones”.
De la comunidad de Sierra -enfatiza- sólo ha recibido en los últimos días “afecto, apoyo y agradecimiento”.
 “Todos tenemos que luchar para reactivar el tren de pasajeros. Sierra no puede perder un servicio esencial como este, que permite viajar a personas de toda condición social y que une a los puebles", cierra.
Objetivo: Que no se pierdan los puestos de trabajo
Reclamo. Dirigentes políticos y de distintas instituciones se fueron sumando, en los últimos días, para pedir que las estaciones sigan vivas y no se pierdan puestos laborales.
Proyecto. El bloque FPV-PJ de Tornquist presentó un proyecto para que las estaciones de Saldungaray y Sierra funcionen como bocas de expendio de Trenes Argentinos. Ayer el intendente Sergio Bordoni confirmó que trasladó esa misma idea al director de Ferrocarriles Argentinos, Marcelo Orfila, pero sólo para la estación de Sierra. Además, solicitó la cesión de las estaciones al municipio en comodato.
Compromiso. Claudio Masson, referente de la Agrupación Popular 25 de Febrero -una de las tantas entidades que se sumó a la lucha para que no desaparezca el tren- relató una anécdota que muestra el compromiso de Marcelo con el ferrocarril.
Descarrilamiento. “El 2 de septiembre de 2017, un tren que transportaba soda cáustica descarriló a la altura de la estación y dañó el viejo piso de la zona de espera. Sin esperar la orden de nadie, por vocación y con dinero de su bolsillo, Marcelo arregló el piso de la estación con sumo cuidado y esmero”, relató.
Excel. Masson también señaló que Marcelo transformó la estación en una atracción cultural y social. Enfatizó que "actitudes de este tipo no aparecen en una hoja de cálculo” en las computadoras de los funcionarios de La Plata y Capital Federal.
La estación de trenes de Patagones alguna vez fue motivo de orgullo. Hoy se cae a pedazos y solo transmite tristeza.
 Las estaciones de tren en la región, abandonadas y listas para el saqueo
   Varias de las estaciones de trenes de la región están en situación de abandono desde hace años, por lo que la disolución de Ferrobaires no hizo más que formalizar un final que ya era una realidad. Dos ejemplos concretos son las de Pringles y de Patagones, que alguna vez figuraron entre las más importantes de la línea y hoy están libradas al derrumbe y el saqueo.
"Mi oficina está un poco mejor, pero en la sala de espera se cayó el techo y el resto esta muy roto", contó a La Nueva. Daniel Ullúa, único empleado en Patagones.
Esta semana le comunicaron el cierre. Como está en edad de jubilarse, inició los trámites. "Igual estoy triste -dice-. Nos dieron tres meses para irnos”.
En Pringles la situación es aún peor: sólo hay un guardia de seguridad. La estación recibe de vez en cuando la visita de Claudio Leprón, de Saladillo, una suerte de interventor. El último jefe, Rubén Conti, se jubiló hace años.



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